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Carta de J. J. Ugarte sobre Dignidad Humana y comienzo de la Vida PDF Imprimir E-Mail

2010-01-13

Cartas
Martes 12 de Enero de 2010
Dignidad humana I


Señor Director:

 

Me refiero a la polémica de los últimos días sobre la fecundación artificial. Los doctores Pommer y Schwarze, presidente y director Científico de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva, respectivamente, tildaron en esta página mis afirmaciones relativas al perjuicio que trae la fecundación artificial para la salud y la vida de los hijos, de erradas y temerarias. Les respondí citando un reciente libro de que son coautores los propios doctores Zegers y Balmaceda —dedicados a la fecundación artificial— que me da la razón y señala, en sustancia, los mismos inconvenientes para la salud y la vida de los hijos que yo había mencionado. Con esto parecía que la polémica estaba concluida; mas el doctor Vera, dándole un giro inesperado y sorprendente, aconseja volver —en nombre del progreso y para estar con los tiempos— a la doctrina de la animación retardada de Santo Tomás, según la cual el feto pasaba a tener alma humana ya avanzada la gestación, tras haber tenido primero un alma vegetal y luego una animal. Con el regreso a esta teoría —piensa el dolor Vera— no cabría censurar el congelamiento ni el desecho de embriones —pues éstos no serían personas al carecer de alma humana— , ni se podría hacer cuestión de los abortos que tuviesen lugar en el primer tiempo del embarazo.

 

Lo que me temo que no sepa el doctor Vera es que la doctrina de la animación retardada de Santo Tomás está tomada de Aristóteles, quien, desconociendo la biología celular y el código genético, y careciendo de microscopio, pensaba que el embrión era combinación de sangre de la menstruación y semen paterno, y que carecía de organicidad; esto es, de órganos para las funciones de la vida, de partes cualitativamente distintas, requisito indispensable para el movimiento y la operación, y por tanto para la vida, que es capacidad de automoción natural (Generación de los Animales, 740b; 741b-724a; Historia de los Animales, 596c).

Ahora conocemos el código genético. Desde el punto de vista biológico sólo cabe reconocer que el individuo biológico hombre comienza con la fecundación, y desde el punto de vista filosófico, para el cual el alma es lo que hace al viviente ser lo que es, es su forma sustancial, o acto primero como dice Aristóteles (Del Alma 412), hay que reconocer que el alma humana la tiene el embrión desde la fecundación, porque si no, no sería humano desde ese instante.

 

Espero haber disuadido al doctor Vera de su idea de retroceder a la doctrina de la animación retardada de Santo Tomás de Aquino.

José Joaquín Ugarte Godoy
Profesor de Derecho Civil PUC

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/01/12/dignidad-humana-i.asp

 

 
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